Recuerdo mi vida antes de convertirme al cristianismo. Puedo
decir que creía tener la capacidad para hacer que mi vida fuera feliz, al menos
eso pensaba yo en ese tiempo. La verdad es que el concepto de la felicidad es
muy amplio y estrecho a la vez. Cada persona puede tener una idea distinta de
lo que significa la felicidad para sí mismo. Mi caso no era distinto al de
otras personas, yo veía el materialismo y los logros como prioridad en la vida.
Ahora veo como las personas al día de hoy continúan siendo
iguales, aferrándose a los mismos estilos de vida, y me decepciona pensar que a
pesar de tanto conocimiento en distintas áreas de la vida, y tantas
herramientas al alcance de las personas, no parezca que la raza humana haya
evolucionado tanto. Claro que ha habido muchos adelantos en lo tocante a
facilitar la vida en distintas áreas como la educación y otras. Pero por otro
lado las ciencias y las humanidades han enrolado la humanidad en adoptar ideas
en perjuicio a la existencia misma.
Si algo me ha quedado muy claro en la vida, es que
necesitamos reglas para vivir
ordenadamente y que la disciplina y perseverancia con que las pongamos en
marcha determinará el éxito que tengamos. Sabemos que hay factores como la
salud y otros que pueden echar por tierra muchos proyectos que nos hayamos
propuesto, pero quiero analizarlo dentro las posibilidades de cada uno. Entre
los factores visibles del comportamiento humano podemos destacar un crecimiento
en las estadísticas relacionadas al crimen, suicidio, aborto, trata humana,
prostitución y otras.
Y nos preguntamos cómo es posible que en una sociedad
moderna del siglo xxi esté sucediendo eso. El sistema político social de las
principales ciudades modernas se tambalea, los gobiernos han fracasado en
superar los problemas sociales y económicos que tienen ante sí. Tomemos algunos
ejemplos que han propiciado según mi opinión a que la humanidad se haga sumido
en un crecimiento de los problemas más destructivos del siglo xxi y que no
parece tener solución en un futuro inmediato.
El individualismo, donde cada quien quiere vivir su propia vida sin que los demás
se inmiscuyan en ella. Ese comportamiento ha provocado una fractura en lo que
respecta a la familia como institución de Dios para el buen funcionamiento de
la raza humana. Los movimientos mundiales de comportamiento como lo son the new age (la nueva era), the atheist (los ateos), entre
otros, se han convertido en un cauce para el nuevo pensamiento dando paso a una
era distinta en cuanto a comportamiento se refiere.
Pero que tan dañino puede ser
para los que se sumergen en este tipo de pensamiento. Las personas que están
siendo arrastradas por esto son en su mayoría los llamados millenials (29-42
años apx.). Ellos son del pensamiento que se merecen la felicidad y lo tratan
de conseguir a cualquier precio. Quieren cambiar cualquier sistema que no se
ajuste a su necesidad particular. Odian todo comportamiento que les imponga
obligaciones y responsabilidades. Recurren a experimentar con todo
comportamiento en la búsqueda de placer y felicidad, aunque sea de forma breve
y temporal.
Como vemos, en ese tipo de
comportamiento se ha perdido un sinnúmero de reglas y valores que han sido la
base que sostiene la humanidad en sana convivencia en el orden que fue
establecido desde el principio de la creación. Si bien es cierto que la humanidad
siempre ha evolucionado en cuanto a las modas y otros estilos de vida
llamándolos modernismo, nunca antes en la historia estos cambios habían tocado
tan de cerca la fortaleza familiar. ¿Podrá revertirse el daño que esto ha
causado a la institución más antigua en la tierra (la familia)? ¿Estoy yo
contribuyendo al deterioro, o estoy construyendo y edificando unas bases
sólidas en mi familia?
Cuando buscamos respuestas a
las distintas acciones a nuestro alrededor a veces terminamos un poco
confundidos, sin respuestas y con gran desaliento en nuestra visión de futuro.
Si queremos un cambio no podemos mirar hacia el lado, hacia atrás, debemos
mirarnos y tomar la firme decisión de comenzar por nosotros mismos y a veces
solos. ¿Qué voy a hacer por mis hijos, nietos, hermanos, amigos, vecinos,
desconocidos etc.? Yo francamente sé que a veces no sabemos por dónde comenzar.
Yo comenzaré por afirmar mis convicciones de fe en Dios y seguir trabajando con
mi familia y otros, pidiendo fuerzas a Dios y clamando en oración por los
demás.